Monday, November 20, 2006

 

CHOCOTERAPIA


Artículo escrito por Fabiola Noriega y publicado en CARETAS el 16 de noviembre

Fue recién en la adolescencia que me sumé a la pasión irrefrenable de mis amigas por el chocolate. Pero una cosa es comerse un Sublime y otra sumergirse en chocolate caliente. Así que comprenderán mi sorpresa cuando me enteré que en el hotel y spa Hersheys (sí, el de los famosos Kisses) se practicaba una terapia que consistía en embadurnar a los huéspedes con fudge. Y que, además, la “chocoterapia” ya estaba en Lima. La idea de convertirme en una estatua de chocolate me hizo gracia.

Me dirigí al spa Specchi dispuesta a averiguar sobre el tema. Al llegar, Giovanna, la especialista, me invitó a tenderme sobre una camilla. Cascaritas de cacao, leche de almendras y un chorrito de ácido láctico se unieron a una generosa porción de sales exfoliantes, aceite de cacao y esencia de naranja, y empezaron los vigorosos masajes que se encargarían de reactivar mi circulación y limpiar mi piel a profundidad de células muertas. Cuando la exfoliación terminó, sentí un saludable cosquilleo en la piel. “Ahora estás lista para La Envoltura”, dijo Giovanna.

¿Envoltura?, pensé y la fantasía de nadar en una tina llena de tibio chocolate al mejor estilo de Cleopatra se esfumó, quedando sólo la imagen de una momia egipcia. ¿Quedaré inmovilizada?, me pregunté y me acordé de los indios navajos, que embadurnaban de melaza a sus prisioneros de guerra y los ataban al pie de un hormiguero. ¿Tendrán insecticidas acá en Specchi?

Sin embargo, a los primeros pincelazos de chocolate líquido deslizándose sobre mi piel, se evaporaron mis aprehensiones. Cerré los ojos y recibí una descarga de dopamina, el neurotransmisor que envía señales de placer al cerebro. Con los brazos pegados al cuerpo, Giovanna me envolvió de los pies hasta el cuello con el film osmótico (una especie de sábana plástica sobre la que me había echado), y luego me cubrió con una manta eléctrica y varias frazadas mientras me hablaba del cacao, poderoso antioxidante y reconstituyente. Fue entonces que el olor a chocolate inundó la habitación, y me fue relajando poco a poco hasta dejarme profundamente dormida. Ahora entiendo por qué los mayas consideran sagrado el chocolate.

Lugar: Specchi Spa
Duración: 2 horas (4, si se quiere el tratamiento completo que comprende exfoliación, envoltura, masajes, facial, circuito de aguas y fruta bar)

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